El día del asalto

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Ayer, día en el que se debían ratificar los resultados electorales en los Estados Unidos, después de una concentración y mitin de seguidores republicanos de Donald Trump, en las cercanías del Capitolio, y del no reconocimiento por parte de este último de la derrota, lanzando nuevas acusaciones de fraude electoral, decidieron, y consiguieron, asaltar el emblemático edificio, dirigiéndose al ala norte del mismo, donde se encuentra el Senado.

Estas imágenes, extraordinarias, han dado la vuelta al mundo y han puesto de manifiesto la tremenda debilidad de nuestros sistemas democráticos y la situación de fragilidad en la que vivimos. Son imágenes que uno espera de una “república bananera” pero que ahora se ven en territorio de la primera potencia mundial, país que representa muchos de los ideales democráticos para el resto del mundo. Pero también son una muestra del descrédito político actual y de la polarización y hartazgo de las sociedades.

A lo largo de la noche he escuchado a numerosos analistas, muchos creo que víctimas del sesgo ideológico, enzarzarse en guerras dedimes y diretes. Pues yo les voy a contar un cuento, un cuento con moraleja: “Un día un buen señor metió en un tarro 100 hormigas negras y rojas y observó que no pasaba nada. Después cogió el tarro y lo agitó con violencia y lo volvió a poner en la mesa. Entonces pudo observar como las hormigas se mataban entre ellas. Las negras creían que el enemigo eran las rojas y las rojas creían que el enemigo eran las negras·. Moraleja: Antes de enfrentarnos entre nosotros preocupémonos de pensar en quién agitó el bote”.

Si nos paramos a pensar, y nos tomamos la molestia de analizar algunas cuestiones no se si alcanzaremos a adivinar “quién agitó el bote”, pero si tendremos elementos de juicio para la reflexión y poder así establecer una posición personal ante los hechos, alejada de cualquier color o ideología. Yo quiero reclamar reflexión y mesura en un mundo de superficialidad y manipulación. Las cuatro cosas, reflexionar, ser comedido, dejar de ser superficial e intentar que no nos manipulen, son voluntarias, personales e intransferibles.

Un primer asunto sería el constatar que vivimos una situación de crisis económica mundial, que siempre degenera en crisis sociales, y que todo ello se ha visto agravado por la crisis sanitaria global provocada por la pandemia del C¡OVID-19. Estamos en un escenario que es campo abonado para que se produzcan estallidos de violencia, en esa mala idea que teneos los seres humanos de que la violencia va a resolver algo que no se resuelve de otro modo. Hace ya algunos meses me preguntaron si creía que la actual crisis podría generar estallidos de violencia social y contesté que sí y que si la gestión de la situación de crisis no era profesional, seria y transparente mucho más. Tengamos en cuenta que cuando uno esta desesperado abraza cualquier bandera.

Otra cuestión sería constatar que la política mundial, de norte a sur y de este a oeste, está plagada de mediocridad, de personajes manifiestamente incapaces, marionetas en manos de otros cuyo único objetivo es aumentar su beneficio económico y su cuota de poder. Algunos de estos personajes, a los que nosotros aupamos al poder y conviene no olvidarlo porque parece que nadie es responsable de lo que elige, provocan un continuo desgaste y deterioro de las instituciones que representan, de nuestras instituciones, aumentando el hartazgo y cansancio de la población. Parece que cuando un personaje de este tipo nos miente no pasa nada, pero eso no es cierto. Ante la avalancha de información y mentiras nos metemos en nuestro caparazón para huir del acoso, pero lo que realmente ocurre es que vamos generándonos una situación de creciente nerviosismo que un día, parece que proveniente de la nada, nos hace estallar. En el fondo, lo que ocurre es que nos llevan a las situaciones en las que somos más manipulables. Algunos de estos personajes, trileros y demagogos son los encargados de agitar el bote para después regalarnos los oídos con el mensaje que queremos oír, con el mensaje de esperanza que nos falta y marcarnos que el enemigo es todo aquel que no piense como nosotros.

De cualquier modo, todo es siempre más complicado de lo que parece. Los trileros no son los que agitan realmente el bote, ellos son marionetas de otros que son los que realmente tienen un objetivo, o marionetas del sistema. Y cuando hablamos del sistema teníamos que preguntarnos lo siguiente: ¿Qué es el sistema?. Pues es la representación de un mundo en el que todos saben lo que falla, todos saben cuáles son los errores, pero no hacen nada por evitarlo. Es una especia de ente que abduce a todo el que está bajo su influjo.

Otro error, en mi humilde opinión, es personalizar los hechos, ponerles nombre y apellidos. Nos equivocamos si pensamos que cualquier presidente, llámese Donald Trump o como se llame, dispone de un poder total parta llevar a cabo las acciones que desee. Ellos son los actores, la representación visual de todo un aparato que gestiona y administra el poder, son los que se dirigen personalmente al pueblo, pero detrás se encuentran muchas personas, muchos profesionales que preparan cada paso que se da. Asumiendo esta premisa deberíamos asumir también que un error de seguridad como el de ayer necesita contar con la colaboración de muchas personas que forman parte del sistema, y que por acción u omisión han permitido que pase, porque ese era su objetivo. Con el tiempo veremos como se investiga el asunto y aparecen responsables.

Si pensamos que el presidente de una nación no es todopoderoso y que tiene una serie de profesionales que estudian cada paso y cómo ejecutarlo, debemos pensar que las imágenes que ayer pudimos ver son las imágenes que alguno de los bandos participantes en este juego quería provocar. Y podemos toparnos con múltiples situaciones que puedan apuntar hacia dentro de nuestro territorio o hacia fuera. El error sería ser simplistas y pensar que existen dos bandos y que el más evidente es el culpable. No siempre lo que vemos es reflejo de la realidad, no lo olviden, de eso se trata cuando se manipula a las sociedades, de crear una escena que todos tengan claro que es lo que ven.

Les pongo un ejemplo claro que todos hemos vivido en España. El famoso 1 de octubre catalán se produjo una reacción del pueblo, aparentemente espontánea, aunque eso no sea cierto, en la que se llevaba a cabo una “resistencia pacífica” para evitar que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado interviniesen los colegios electorales. Esa resistencia pacífica provocó que se llevase a cabo una intervenciones policiales con cargas y los consiguientes heridos. Aparentemente, esas pacíficas personas tenían como objetivo evitar el cierre de los colegios electorales. Pero esto no es verdad, la verdad, la de los que dirigieron estas acciones, su objetivo principal, era provocar la intervención violenta para así disponer de imágenes de violentos contra pacíficos, de opresores contra oprimidos, de demócratas contra fascistas. ¿Puede alguien explicarme si este no era el objetivo como inmediatamente a producirse todo el aparato comenzó a funcionar para utilizar las mismas?. ¿Creen ustedes que esa Administración lenta, con procedimientos farragosos, que no resuelve nada,  se vuelve rápida y eficaz de repente?. El objetivo eran las imágenes porque esto dio munición para meses al movimiento independentista y, lo peor, que se van asentando en las mentes las ideas necesarias para abrazar su bandera.

Y todo lo que henos abordado está aderezado con la aparición de nuevas herramientas de comunicación, con un poder de transmisión y una velocidad nunca antes vista en el planeta. Las redes sociales, y ese elemento que portamos todo el día, y por las noches ponemos a nuestro lado en la mesita de la habitación para que no esté lejos de nosotros, nuestro maravilloso complemento, el smartphone, nos convierte en unos seres tremendamente asequibles y tremendamente vulnerables, más que nunca en la historia. Estamos deseando que suene el sonidito que nos anuncia que alguien nos ha enviado algo para reenviarlo a todos. No pensamos si lo recibido es cierto o no,  porque el carácter de veraz se lo da el que proviene de nuestro grupo.

Pues bueno, creo que he tocado algunos temas de interés que no nos dan el nombre del agitador pero creo que si merece la pena pensar en ellos. Para conocer el nombre necesitamos tiempo, reflexión y serenidad, pero llegará porque todo llega.

 

Jorge Gomez Pena

Vocal del área de Inteligencia de ADISPO y AIMCSE

inteligencia@adispo.es